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Por qué este nombre

Aunque fui una niña que creció leyendo y escribiendo, después de una década en el mundo periodístico sentí que, contra mi voluntad, me había convertido en una mercenaria de las palabras. Quedaron vacías y gastadas. Ya no tenía ganas de escribir.

Me peleé con la escritura, la saqué de mi vida… Hasta que un día las palabras me atropellaron. Desde el suelo las miré, azorada, y me vi. Una mujer renovada, llena de nudos deshechos, que necesitaba poner palabras a esta cosa tan grande de la maternidad y la crianza. Con la esperanza de que estas palabras fueran el vehículo que llevase el mensaje del respeto y el amor incondicional mucho más allá de mi entorno.

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EL TIEMPO DE LOS INTENTOS toma su nombre de una hermosa canción de Silvio Rodríguez, que ensalza la importancia y el coraje de intentar aquello que necesitamos intentar, pero amando ese camino a veces asfaltado de errores. Se nos dice a menudo que no debemos usar la palabra intentar y entiendo el razonamiento. Pero nunca logré identificarme con él, incluso me daba cierta rabia el tópico.

Cuando oí la canción de Silvio lo entendí. Yo opto por usar la palabra ‘intento’ de otra manera porque así no siento que soy un completo desastre y que no logro nada. Porque somos muchas las personas que cada día intentamos hacerlo mejor en diferentes ámbitos y que muchas veces no lo logramos. Sin embargo, he descubierto que esos intentos no son estériles, que jamás permanecemos en el mismo punto. Todo deja poso. Y dejar de intentarlo no es una opción, pero la frustración no nos deja ver los aprendizajes y las puertas abiertas.

Como dice Silvio:

“Debes amar, el tiempo de los intentos, debes amar la hora que nunca brilla y si no, no pretendas tocar lo cierto”.

Esto me da especial paz en lo referente a la maternidad y la crianza, que es un camino increíble, pero también lleno de dificultades y retos. Para no caer en aquellos comportamientos que salen automáticos en los momentos más delicados o difíciles hay que ponerle mucha conciencia, mucha atención, y ser benévolas con nosotras mismas, viendo en cada nuevo intento un signo de amor, de entrega y de deseo de ser la mejor madre que podemos ser.

En este camino de evolución constante la intuición es la base, el amor y el respeto son los mimbres y las palabras, la herramienta que nos ayudará a nombrarnos, a reconocernos, a construirnos en este nuevo rol.

¿Las palabras? Sí, porque las palabras nos arman y nos desarman, nos definen desde la más tierna infancia. El lenguaje no sólo importa, sino que determina, condiciona, crea o libera. A través de palabras escritas y habladas quiero llevarte la información, las reflexiones, la empatía que necesitas. Y con ellas te propongo un viaje personal de crecimiento interior y de reconocimiento.

“Sólo el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro”.

¿Por qué estoy aquí? Porque te ofrezco un acompañamiento implicado y honesto, en el que yo también crezco, me enfrento con mis contradicciones y trato de ser la mejor madre que puedo ser en cada momento.

Es, sin duda, un camino a contracorriente, pero es el mío y el de cada vez más familias.
¿Me dejas acompañarte?

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